Sin ser consciente de ello, esbozo una sonrisa cuando recuerdo la manera en que te conocí. Aquel gran salón, los refinados invitados, los camareros con sus impecables smokings. Las notas del piano flotaban en el aire justo en el momento en que las burbujas del champagne chispearon en tus ojos al curzarse con los míos."Creo que no nos han presentado", dijiste deslizándote con un galante gesto hasta mi.
"No, creo que no nos conocemos", dije, extendiéndote mi mano.
"Bonitos zapatos"
"Lo sé"
Mi sonrisa amplia apresó tu mirada justo cuando te inclinaste para besar con delicadeza mi mano. Vi tus ojos perdierse entre mis labios y sólo mi copa alzada ante tí te liberó de tu ensimismamiento.
"Santé"
"Santé..."
Nuestras copas tintinearon en el centro de la sala cuando con elegancia las hizimos chocar. Sin saberlo, nuestros destinos también tintinearon justo en aquel instante.
Estuvimos charlando sumergidos en el tumulto o resguardados en la tranquilidad de cualquier rincón. A ratos entre la gente, a ratos al margen de aquellas presencias que, escurridizas, pululaban de uno en otro salón. Nos dirigimos al piso inferior. La escalera de caracol era una estampa magnífica, pero un peligro flagrante en combinación con mis tacones y las copas de champagne que tanto habían amenizado la velada. Con un gesto espontáneo, casi inconsciente, me agarré de tu brazo y, juntos, descendimos peldaño tras peldaño con paso solemne.
Mi sonrisa se torna aún más amplia cuando recuerdo tus palabras tantas veces pronunciadas, quizá en un esfuerzo frustrado de encontrar una explicación lógica a aquello que no la tiene. "Puede que no repararas en ello pero, cuando te agarraste a mi brazo, algo se desencadenó en mi interior. Te agarraste a mi brazo, y con él a mi vida. Ha pasado mucho tiempo, pero aún no he logrado desasirme de tu brazo de mujer. Ni ganas"
Hasta hoy, las ausencias se prolongan quebradas, de vez en cuando, por una turbulenta convergencia en espacio y en tiempo. ¿Quien ha dicho que es la compañía la que une? Lo que une son las ausencias, y las presencias son simples pretextos donde se apoya nuestra delgada linea del tiempo. Necesarias para que el caprichoso destino siga jugando al ajedrez con nosotros.
Lady Diabla


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