Entre encajes y pecados

El leve hilo de la imaginación junto al amor, las caricias y la ternura, te llevara al maravilloso mundo de los sentimientos al desnudo. No debe faltar esa poesía erótica y sensual, ese mar de fuego excitante, que nos llama a nadar entre cuerpos, manos calidas pasiones, y deseos ¿Quién no ha soñado con ser amado y seducido como en esas estrofas? Comparte conmigo este viaje a ese lugar tan intimo y exclusivo que solo tu imaginación puede concebir .

Vive en cada una de mis narraciones esas historias que te gustaría protagonizar, y se ,en esta reunión privada ,el invitado de honor.





1 de octubre de 2012

Cuando llueve.

Tánto tiempo esperando un día lluvioso, de esos fríos en lo que lo único que apetece es estar en casa metida dentro de la cama con la ventana abierta y esuchando el sonido de la lluvia, ese olor a tierra mojada que lo impregna todo, esos recuerdos, esos deseos de pasar la mayor parte del tiempo abrazada a alguien que me abrace fuertemente y me diga que no me preocupe, que nada importa. Pero esas palabras insonoras sólo se escuchan en mi cabeza.

Decía un sabio John Lennon que la vida es lo que te sucede mientras tu te empeñas en hacer otros planes. Yo me había acostumbrado a planear a cada segundo todas y cada una de las cosas que iba a hacer, escribiendo en la agenda citas, sitios, lugares, cosas que hacer, ver, sentir... Incluso planeaba conversaciones que al final, nunca sucedían y mucho menos de la forma en la que lo había imaginado. Y al paso del tiempo descubrí que no sólo no se me daba bien planificar, sino que además, lo poco o mucho que pensaba iba a suceder, no pasaba.

Pero lo más curioso de todo es que llegó un día en mi vida, sin saber cómo ni por qué, se presentó así, sin más, en el que ya empecé a saber qué era lo que iba a suceder, como si no necesitara confirmación posible. Era simple: el corazón se me aceleraba, mi respiración se hacía más agitada y sólo tenía ganas de correr, esperando que eso que ya sabía iba a pasar, no pasara, como si quisiera que en el último segundo la balanza se inclinara hacia ese lado, pero no, la resignación me invadía y se apoderaba de mí, sabiendo yo que al final, lo que tanto temía, era lo que iba a tener ante mis ojos.

Y ese día llegó. Llegó el día en el que sabía que de tenerlo todo, podría no tener nada. Y llegó el día en el que yo pensaba que se daría cuenta de que se estaba equivocando, solo que cuando lo hizo fue demasiado tarde. Llegó el día en el que en lugar de abrazarle sólo sentía indiferencia. Y llegó el peor día de todos, ese que sabes que va a llegar pero alargas esperando que no suceda. Llegó el día en el que le dije la verdad, aún sabiendo que sus respuestas podían ser ambiguas, podían no ser las que esperaba. Y no dijo nada que no supiera. Porque parece que él tampoco sabía planificar y yo no entraba en sus planes.

 Al final, me tumbé sobre la cama, mirando al techo, esuchando esos gritos que nunca damos pero que se quedan ahí, en nuestro interior, que nos impiden dormir, nos impiden sentir. Me di cuenta de que él, ese hombre que tantas cosas me había dicho, que tantas cosas me había prometido, que tantos lugares y sueños quería alcanzar a mi lado, solo era uno más, uno más de tantos. Porque al principio todos los hombres parecen encantadores, hasta que llega el punto en el que saben que no tienen que esforzarse para serlo.

¿Saben que del amor al odio sólo hay un paso? Pues de su casa hacia la mia hay unos cuantos. Lo que pasa es que llega un día en el que te das cuenta de que no es la distancia lo que hace que te recuerde o te olvide, que te quiera o te odie. De lo que te das cuenta es de que eres solo una persona en el mundo del otro. Y esa persona era tu mundo.

Sin más, como quien ya sabe que tras un día de lluvia, puede venir un día soleado, me calcé mis tacones, me enfundé mi gabardina negra , cogí el coche y me dirigí a su casa. Llamé a su puerta y le dejé una nota: Lo tuyo y mio a terminado que la vida te vaya bien. Y sin más, me lancé a la carretera, esperando, equivocarme. Esperando no tener que esperar al tercero. Esperando que lo que siempre había pasado, al final, no pasara. Porque al final, lo que importa es que te rescaten del abismo. Porque lo que uno quiere cuando sale corriendo es que alguien venga a detenerte para decirte lo que quieres oir. Sí, eso que nunca llega.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo siento pero no comparto esto:
Porque al principio todos los hombres parecen encantadores, hasta que llega el punto en el que saben que no tienen que esforzarse para serlo.
Creo que al final te has dado cuenta de que tu das mas que el y quisieras que por lo menos te diera por lo menos la mitad de lo que tu le ofreces y sin embargo no hace nada para hacerlo. No hace falta esperar siete dias o mas, es el momento de resolver la ecuacion. Un besazo.

Juan

Anónimo dijo...

Hablas de mi.