Entre encajes y pecados

El leve hilo de la imaginación junto al amor, las caricias y la ternura, te llevara al maravilloso mundo de los sentimientos al desnudo. No debe faltar esa poesía erótica y sensual, ese mar de fuego excitante, que nos llama a nadar entre cuerpos, manos calidas pasiones, y deseos ¿Quién no ha soñado con ser amado y seducido como en esas estrofas? Comparte conmigo este viaje a ese lugar tan intimo y exclusivo que solo tu imaginación puede concebir .

Vive en cada una de mis narraciones esas historias que te gustaría protagonizar, y se ,en esta reunión privada ,el invitado de honor.





18 de enero de 2008

Las crisalidas del recuerdo


Era una noche cerrada de nubes amarillentas sobre París, señal inequívoca de que en breves momentos comenzaría a llover. Abrí la ventana bañada en la penumbra para comprobar que el viento era en cierto modo cálido. Encendí un cigarrillo y se iluminó mi rostro al tiempo que el chasquido del fósforo me sacó de mi ensimismamiento.

Tras mucho tiempo, quizá demasiado, había sentido su ausencia. Pero no como una carencia, sino como un hecho que ya había asimilado. Entendí que ya estaba preparada para darme a la reflexión.

Y así lo haría.

Pero antes, cogí mi bolso, me calcé mis tacones y anudé fuerte la gabardina a mi cintura. El paraguas colgaba de mi antebrazo como Él de mi recuerdo. Y mis pensamientos se hacían incandescentes, como la llama del cigarrillo que sostenía entre mis dedos, a cada paso quebrado que resonaba en el desierto bulevar.
Dicen que el hueco que deja tras de si el desamor solo puede ser colmado con un nuevo amor.

Pero, ¿qué sucede cuando no es amor, sino deseo pasional? ¿Con qué se llena el hueco que deja tras de si el haber sido el centro del universo de alguien para el que ya no se tiene ninguna relevancia? ¿Acaso amor y pasión van indisolublemente unidos y son uno solo? ¿Acaso es un único concepto dotado con la bicefalia anómala propia del Can Cerberos, donde prepondera uno u otro a razón del que se posicione tras del otro?

Con todos estos interrogantes torturándome recurrentemente y con la esperanza de poder olvidar todo lo sucedido, insté al chauffeur para que detuviese la limoussine en aquel preciso instante. Todavía no habíamos llegado a la altura de la calle 71 cuando me apeé a toda prisa. La tarde había caído sobre la afilada silueta de Nueva York y el frío ingente se fundía con las columnas de vapor que emanaban de las alcantarillas.

Sinatra me susurraba tras la neblina característica de la gran ciudad, cuando lo vislumbré en mitad de la nada. Era Él: el Caballero de las Sienes Plateadas.

Lady Diabla

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mujer decidida, dueña absoluta de las situaciones que crea, atrevida, y con un descaro medido según las circunstancias por lo que veo....

Una mujer deseable sin duda

Anónimo dijo...

Mi querida amiga, eres tan intensa como el brandy que aparece en tu relato,dejando siempre esa sensación de calidez en el paladar.

Un besazo enorme de tu mayor fan