Entre encajes y pecados

El leve hilo de la imaginación junto al amor, las caricias y la ternura, te llevara al maravilloso mundo de los sentimientos al desnudo. No debe faltar esa poesía erótica y sensual, ese mar de fuego excitante, que nos llama a nadar entre cuerpos, manos calidas pasiones, y deseos ¿Quién no ha soñado con ser amado y seducido como en esas estrofas? Comparte conmigo este viaje a ese lugar tan intimo y exclusivo que solo tu imaginación puede concebir .

Vive en cada una de mis narraciones esas historias que te gustaría protagonizar, y se ,en esta reunión privada ,el invitado de honor.





12 de agosto de 2007

Sublimacion


Entramos al restaurante y el garçon nos acompañó a nuestra mesa. El pianista en el rincón, que hacía piruetas con las manos sobre las teclas, me recordó sin más a tus diestras caricias; a tus experimentadas manos de marido, de padre, de médico, de amante. Te ocupaste de acomodarme en mi silla mientras el garçon encendía las velas en el centro de la mesa. Como si necesitáramos más fuego a nuestro alrededor.

Con las copas de Dom Perignon tintineando entre nuestras manos y el descarado deseo rasgándonos las entrañas, comenzamos a hablar de "lo nuestro", como te gusta llamarlo. Tus teorías exculpatorias de toda maldad en nuestra incorregible conducta y tus apologías del control sobre los propios actos pero no de sus consecuencias, sonaban como el segundero apresurado en su precipitada cuenta atrás. Mis descaradas respuestas encendían las calderas de tu deseo y podía sentir cómo tus ojos me devoraban en público mientras yo jugaba a retener tus pupilas fijas sobre mí.

Mientras hablabas de tu vida y del espacio que ocupo en ella, me mordisqueaba los labios, humedeciéndolos para hacerlos brillar a la luz de las velas, y percibía el desconcierto entre tu cerebro, que hacía un esfuerzo por centrarse en la interesante exposición, y tu cuerpo, que se derretía ante mi manifiesta indecencia. Jugueteaba con un mechón de cabello entre mis dedos cuando te oí decir:

- Eres TÚ. No es que yo tenga un hueco en mi vida y haya decidido llenarlo. Es que TÚ y yo nos hemos encontrado. Estoy contigo porque QUIERO estar contigo. Y si no estuviera contigo, NO estaría con nadie más.

- Y yo que estaba convencida de que eras mucho más malo... -dije, con ánimo de provocarte.

- No. Convéncete: eres TÚ, encanto, la que me trae de cabeza. No es sólo el atractivo físico, que lo tienes. Es ÉSTO -dijo dándome golpecitos en la frente con la tibia yema de su dedo. Esbozó una sorisa, respiró hondo y me pareció ver cómo sus pupilas se dilataban. - Eres un reto intelectual al que NO quiero renunciar.

Esas últimas palabras sonaron definitivamente halagadoras. Sonreí de forma lasciva. Habría tirado al suelo las velas, las copas, los platos y las flores de un codazo para saltar sobre ti. Pero hoy debía atemperar mi impaciencia: me había propuesto llegar al mismo punto pero con menos grado de culpa. Hoy serías tú el que saltaras sobre mi. Y así lo hiciste.
La imperante lujuria que comenzaba a doblegarnos nos arrancó del restaurante cual verdugo de cualquier instante pausado y nos arrojó a la oscuridad de la noche con soberbia. Te situaste a mi izquierda, muy pegado a mi. Podía sentir el calor de tu cuerpo a través de mi gabardina, burlando el pétreo frío invernal a las orillas del Sena.


Así tu brazo con fuerza mientras, inquieta, miraba en derredor para evitar el accidental encuetro con posibles conocidos. Pero de repente, mis sinfónicos pasos se toparon contigo. Dando un giro acrobático sobre los adoquines mojados, te situaste frente a mi, a escasos milímetros de mi rostro. Apresaste mi cuerpo entre tus brazos víctima de una pasión descontrolada, y tus labios se clavaron en los míos. Nuestras ansias se entrelazaron en la isolencia de un beso desnudo en plena calle, sin importar quién pudiera vernos. Pero a esas alturas era ya imposible resistirse al brazo ejecutor de tu imprudencia.

Mis labios se deslizaban por los tuyos, en un intento heróico por retenerlos entre la humedad de mis suspiros y me asías con fuerza la nuca, mientras mis dedos se enredaban, tirando de tu pelo. Como un volcán en erupción, recorrías mi cuerpo con temblores materializados en ardiente deseo, sin que yo opusiera resistencia. Al fin y al cabo, eso lo que quería. En una lucha encarnizada por morder labios ajenos y apresar candentes susurros rodamos hasta el coche. Me preguntaba si el interior soportaría las altas temperaturas de nuestra locura.

En pocos segundos la visión de la torre Eiffel se empañó tras el cristal teñido del vaho que desprendían nuestros cuerpos y exhalaciones, y en un torbellino de deseos que cobraron la forma del placer más reprochable nos fundimos en una sola criatura.

Una criatura demoníaca, perversa y hedonista que, con la luz del sol, no hubiera sido más que un ángel caído

1 comentario:

Anónimo dijo...

El sitio es una belleza, los cuentos son realmente de una calidad estupenda, pero para mi gusto sobresalen los de doble vision , como una viva (y humectante)manera de disfrutar el erotismo a plenitud.
Lulú