Entre encajes y pecados

El leve hilo de la imaginación junto al amor, las caricias y la ternura, te llevara al maravilloso mundo de los sentimientos al desnudo. No debe faltar esa poesía erótica y sensual, ese mar de fuego excitante, que nos llama a nadar entre cuerpos, manos calidas pasiones, y deseos ¿Quién no ha soñado con ser amado y seducido como en esas estrofas? Comparte conmigo este viaje a ese lugar tan intimo y exclusivo que solo tu imaginación puede concebir .

Vive en cada una de mis narraciones esas historias que te gustaría protagonizar, y se ,en esta reunión privada ,el invitado de honor.





5 de agosto de 2007

El embarcadero




Sin siquiera pararnos a reparar en ello, nos adentramos en la oscuridad como dos sonámbulos deambulan con propósito incierto a sabiendas de que no pueden ser despertados. Sellados bajo la noche, mis pensamientos revoloteaban inquietos sin destino aparente mientras en mi cintura comenzaba a arder el calor de tus manos. Sentía el calor de tu cuerpo a mi lado, pero no quería mirarte abiertamente sabedora de que, al más mínimo contacto de nuestras miradas, la chispa del desenfreno saltaría y de un arrebato cruzaríamos esa delgada línea que separa la cordura de la más absoluta enajenación.


Continuamos hundiendo nuestros pasos en la oscuridad del embarcadero de le Quai de la Tournelle como autómatas que no pueden escapar a su destino. Tu calor se hacía cada vez más intenso hasta el punto en que no pude resistirme a mirarte frente a frente. Me paré en seco frente a tí y tus labios se lanzaron en picado contra los míos. Te mordía con fuerza, succionando tus besos cuando te aparté de golpe. Así, sin permitir que me saborearas como tanto te apasiona, me encendí un cigarrillo. Y sin hablar, te contemplé.

Entre mis guantes de raso negros se deslizaba, revoltoso, un mechón de mis cabellos. Mis labios palpitaban contra la boquilla dorada impregnada de carmín a la par que mis ojos se clavaban en los tuyos con cierto descaro. Mi cuerpo era escaparate de tus lascivas miradas. Y yo lo sabía. Fumé serenamente mientras degustaba tu ansia por estrecharme. Tus ojos recorrían mi cuerpo en un baile frenético y tu respiración parecía entrecortarse a cada uno de mis pausados movimientos. Cada vez podía sentir más de cerca tu calor aunque aún no te rozaba. Fui recortando la distancia entre nosotros y fumando hasta acabar mi cigarrillo. Nos quedamos frente a frente y, con un delicado movimiento, saqué el cigarrillo de la boquilla y lo aplasté contra el suelo. A la vez que aplasté el cigarro, aplasté deliberadamente mi cuerpo contra tí, y no tardaste en asirme con fuerza. Nuestros ojos se cruzaron, ahora si, envenenados de esa pasión que nos somete.

Y una vez más me arrebataste ese efímero pero dulce control sobre tí de una simple embestida. La furia de tus besos descarnó mis pasiones. Me desgarraste el recuerdo y condenaste mis fantasías a un nuevo referente. Tus manos albergaban mi cuerpo como si no lo fueran a soltar nunca. Y una vez más, te colaste bajo mi gabardina, bajo mi camisa, bajo mi falda. Bajo mi piel. Y allí te quedaste: bajo mi piel.

Respirando profundamente a lo largo del pasillo, te seguí hacia tu despacho. Abriste la puerta con un gesto galán y entré. Intentando disimularlo, hacía un esfuerzo descomunal por contener mis nervios e intentar que mi respiración pareciera sosegada. Me invitaste a sentarme y, de camino de nuevo a tu silla, cerraste la puerta con pestillo. Un escalofrío recorrió mi espalda.
- Así es que es aquí donde trabajas..
Retiraste unos papeles y los apilaste en un montón que tenías en el extremo derecho de la gran mesa. En ese momento, observé en derredor con disimulo y visualicé de soslayo la alfombrilla del ratón horrorizada: impresa en ella, desgastada quizá por el uso, quizá por el tiempo, o por ambas cosas, una foto de familia. Con un gesto muy elocuente, la apartaste con el codo hacia el otro extremo de la mesa y te apoyaste sobre ambas manos mirándome embelesado.
- Tenía ganas de verte, muñeca.
- Lo se.. ¿Y si entra alguien?
- Tranquila, he echado el pestillo.
- Estas paredes son de esos paneles móviles, ¿cierto?
- Sí. Y el de al lado el el despacho de mi jefe. Pero tranquila. No vamos a gritar, ¿no?
- Yo no estaría tan seguro..
Me levanté y miré por la ventana. Era uno de esos días grises de nubes hinchadas y tiznadas justo encima del horizonte. Había llovido, y probablemente, lo volvería a hacer. En ese momento noté tu respiración justo detrás de mi cuello y ceñiste mi cintura con firmeza. Mis ojos se cerraron como un acto casi reflejo y mi imaginación voló chocando inmediatamente contra los límites de la corrección. Pero cuando me giré para decirte "espera, esto es una locura", ya era demasiado tarde y tus besos se habían apoderado hasta de mi última exhalación. Con mi espalda pegada al cristal frío, y tus labios incandescentes sobre y bajo mi piel, intenté en vano hacerte reflexionar un momento. Pero para entonces, ¿quién quería razonar?
Tus manos se adhirieron a mi cuerpo y lo recorrieron sin recelo apresando cada centímetro de mi piel. Te clavé con furia las uñas en la espalda y los dientes en el cuello, no sé si como recompensa o como castigo ante tu atrevimiento. En uno de nuestros incontrolados movimientos, golpeamos con fuerza el panel que hace las veces de pared entre el despacho de tu jefe y el tuyo, pero ni siquiera eso atemperó tu ánimo enfebrecido. Atravesaste mis pupilas con una sonrisa socarrona, y me besaste con ansia. Entre nosotros, la pasión roza la furia y la furia, el desenfreno. Y, en un día como ese, ni siquiera la tormenta que se desataba afuera hubiera podido aliviar la que se liberaba dentro.

Y cada vez más adentro...

Lady Diabla
e

4 comentarios:

Anónimo dijo...

me gusta esa ansiedad tuya en el relato ,dinamico
sensual y a la vez tan elegante ,sigue posteando mas relatos como ese , y te convertirás en la reina del erotismo ,!!! oh ya lo eres!!!

Anónimo dijo...

maravilloso relato ...eres la reina del erotismo , palabra de honor ,e tenido la suerte de leer tu libro y estos relatos estan a esa altura .

un abrazo

Anónimo dijo...

Bien pienso creo que estos relatos me han ayudado a conocer un vocabulario que no nos enseñaban en la escuela, y cada vez leo cada vez aprendo mas palabras. Pero en el otro lado no pienso que estas istorias ayudan a la educacion de la sociedad, sino al contrario crean mas problemas. Si fueran solamente fantasias entre casados hubiesen sido mucho mejor. Saludos calientes de un Argelino.

Anónimo dijo...

Cielo,no dejas de sorprenderme,de provocarme y de disparar mi imaginación,si puedo reconocer un vicio...es leerte!
Un beso