-Si vas cavando zanjas, al final,
acabas al borde del precipicio.-Le dije mientras despeinaba su flequillo
rebelde. Desde aquella posición, podía ver perfectamente cómo sus pestañas eran
tan largas, cómo su sonrisa todavía rezumaba por un lado los gemidos ahogados.
En aquella cama gigante que siempre se nos quedaba pequeña, las sábanas
intentaban escaparse arrastrándose por el suelo. Giré la cabeza para las velas
que estaban exhaustas moviéndose en la mesita de noche y le di un trago a la
copa de vino. Todavía había algunos resquicios de luz por la ventana, detrás de
las cortinas.
Salí de la cama, y me dirigí al baño. Me miré
en el espejo y comprobé que el pelo había sido víctima del huracán volcánico.
Sonreí. Las mejillas estaban sonrosadas y mis ojos muy brillantes. Me eché agua
en la cara mientras sentía que allí, en la otra habitación, todavía estaba él,
desnudo, echándome de menos. Esperando recomponerse para iniciar de nuevo, otra
sesión explícita de tórridas palabras derramadas por el cuerpo, sofocando
intenciones por los recónditos lugares que todavía, quedan libres de pecado.
Empezamos con tímidos besos. Brazos que se
escapan, manos que empiezan a recorrer desde el pelo hasta la espalda. Ojos que
se clavan en el escote y que en cuestión de segundos están hundidos en él.
Bocas que se desatan en el cuello y que van amarrando las ganas de desnudez.
Labios que se encuentran, lenguas que resbalan, agitación que va desprendiendo
la ropa que cae al suelo formando un manto de obstáculos hacia la cama. Manos
que se aferran a mis nalgas y que lo atraen hacia él, para que no me escape. Me
besa las ganas, me come las intenciones y me agarra los deseos para que no me
desboque. Saltos a la cama de riesgo, ropa que sigue el camino a la postura
donde las piernas juegan a atrapar mordiscos de labios que ansían comer de
nuevo. Dedos que juegan a encontrar salidas de tono, manos que vuelan a
despertar excitaciones y gemidos a partes iguales.
Ya los dos, completamente desnudos, nos dejamos
llevar. Nos perdemos para encontrarnos. Me amoldo a su cuerpo y me subo encima
de él. Nos miramos y mientras yo muevo mis manos él mueve sus ganas. Me pide
más, aunque sea lo de menos. Me sigue buscando. Me pierdo entre las sábanas que
empiezan a estorbar. Pone su mano en mi boca en un vano intento de silenciarme.
Le agarro fuertemente del pelo, le doy un mordisco en sus dedos y le susurro al
oído. Le gimo en silencio. Mi cuerpo le atrapa. Su cuerpo me sacia. Paso mi
lengua por sus labios que arden de ganas. Calmo su sed por un instante hasta
que ya no podemos más. Mis gemidos se empotran en el cabecero de la cama. Sus
deseos recorren su cuerpo mientras una oleada de placer recorre su cuerpo. Mis
uñas se clavan en su espalda, y sus manos atrapan sin descanso mis pechos.
Le miro a sus ojos marrones tan intensos. No le
digo más. El reloj pasa y nuestras intenciones no cesan. Al borde de la cama se
escapan nuestras ansias de repetir. Al filo de mis labios se escapan los
momentos que quedan pendientes. Un trozo de chocolate se funde en mi lengua. Le
doy un beso que sabe a "tenía ganas de ti". Me mira con un "deseo dejarte
sin fuerzas" escrito en sus pupilas. Tacones, para qué os
quiero, cuando tengo sábanas que pisar.
Siempre. Entra y quédate a sentir. Dale veinte
azotes de amor pero calma cualquier caricia que no sea a la desesperada. No me
recorras con lengua de hielo que la derrito. Ropa interior que no sabe el
camino de regreso. Los vicios compartidos, son los más queridos.
Vuelvo a la cama y ahí está, con sólo una pierna tapada. Le gusto despeinada y recién... revolcada. Me lo confiesa. Cuando la magia nace en las manos, es imposible resistirse al truco. Y más si el truco incluye polvos mágicos. El corazón a vuelto a su sitio y las ganas empiezan a rugir de nuevo. No me esperen despierta que dormiremos las ganas cuando empiece a amanecer, sobre el filo de la cama, cuando las velas se cansen de tanto esperar.
Tropecé con tu mirada y fui a caer al abismo de tus labios. Ya va siendo hora de empezar de nuevo lo que terminó hace unas cuantas ganas



4 comentarios:
Cómo me gusta leerte !!!
Gracias
Si algún día caemos, que sea sobre la cama.
Y que mi magia sea desnudar la primavera antes de que te vayas...
Un beso.
Iker
Me encanta tu forma de escribir... me recuerda a tantos momentos que no he podido expresar con palabras.
Sabino
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