La vanidad es mi pecado favorito
Pactar con el diablo
Nunca he dicho nada que no fuera cierto. Pero tampoco que fuese verdad. Por eso, cuando recibí la carta, una sensación de espeticismo, invadió mi cuerpo. En mi mente, se instalaron, otra vez, aquellas palabras: "al lugar donde fuiste felíz, no debieras jamás volver". Pero era practicamente imposible. Hay cosas que indudablemente, deben pasar.
Las reuniones de trabajo, pueden llegar a ser muy aburridas. El agotamiento llega a ser tal, que desconectas y la mente vuela, viaja a lugares que en estado consciente, son imposibles visitar.
Así, mientras estaba sentada, observando a los hombres, se me ocurria, en que obscenidades, sus mentes perturbadas, podrían estar pensando: ¿Mujeres? ¿Copas? ¿Infidelidades? ¿Dinero? ¿Poder? ¿Obsesiones? ¿Unos Tacones altos ?
De pronto, me di cuenta de que yo era la única mujer libre , que no pasaba de los 45 y cinco, y a la que en ocasiones, alguna mirada furtiva, atacaba, desnudandome léntamente, subiendome la falda poco a poco.
En un acto reflejo, crucé las piernas y miré mis precioso tacones. Entonces noté como si alguien quisiera trepar piernas arriba y encontrarse lugares escondidos en los que solo entran aquellos que son dignos de tan merecido premio. Pensé: ¿Quién será el afortunado que esta noche me los quite? Solo había uno solo. Un solo hombre, digno de rozarlos con sus manos y besarlos, buscando el camino perdido. No dije nada. Aquellos zapatos, ya tenían dueño que los descalzara.
Al terminar la reunión, y cuando la mayoría salíamos huyendo a nuestras respectivas casas, él se acercó y me invitó a una inocente copa en un cercano lugar. Pensé unos segundos. Y tras rozarle con mi dedo por el pecho, me quedé inmovil.
-¿No pensarás que soy un poco indecente al invitarte a una copa cuando todos se han marchado ya?-Dijo mientras cerraba su maletín marrón.
-En absoluto. De un hombre como tú, puedo pensar de todo menos eso. Hoy soy yo. Mañana, será otra. -Comenté mientras contoneaba mi cuerpo dirección a la puerta.
-Sabes que soy hombre de muchas mujeres. Tengo mujeres esperándome por todos lados. Espero que eso no te moleste. Es solo una copa después del trabajo.-Me advirtió en tono sarcástico.
-No. De ningún modo. Lo entiendo perfectamente. Es solo eso. Una copa después del trabajo. Como podrás imaginar, una mujer como yo, no se conforma con cualquier cosa. Además, mis Tacones, están impacientes por regresar con su dueño. Y me temo que tú, aunque quisieras, no podrías satisfacerlos.



5 comentarios:
Auch...
Solo si se los gana podrá tener tanto. ¿Copas? ehmm.. el principio, quizá.
Los tacones siguen siendo del mismo dueño, pero es intrigante saber que alguien más puede ganarselos!
Saludos desde el otro lado del mundo =)
Kika
Me hubiera gustado ver su rostro, cuando escucho esa respuesta, besos...
Kika
Salome
Tus Tacones no son de cualquiera...hay que ganárselos. Un bessazo
Con dos cojones....
si señora
un besazo
Alex
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