Entre encajes y pecados

El leve hilo de la imaginación junto al amor, las caricias y la ternura, te llevara al maravilloso mundo de los sentimientos al desnudo. No debe faltar esa poesía erótica y sensual, ese mar de fuego excitante, que nos llama a nadar entre cuerpos, manos calidas pasiones, y deseos ¿Quién no ha soñado con ser amado y seducido como en esas estrofas? Comparte conmigo este viaje a ese lugar tan intimo y exclusivo que solo tu imaginación puede concebir .

Vive en cada una de mis narraciones esas historias que te gustaría protagonizar, y se ,en esta reunión privada ,el invitado de honor.





25 de octubre de 2011

Citas a ciegas



Acepté esa cita a ciegas sin saber exactamente para qué. Me miraba en el espejo buscando una respuesta que se negaba a aparecer. Nos separaba un teclado y quince años de diferencia en mi contra, y realmente muchas veces pensaba que me había vuelto loca. Una reciente locura que me hacía oscilar entre el deseo y el miedo, encerrados en un cuerpo de mujer madura con cabeza de adolescente crónica, que me tenía a maltraer.
¿Qué quería buscar? Aunque si era sincera conmigo misma había llegado la hora de dejar partir duelos y pieles que ya eran restos invisibles de un pasado que por fin había perdonado.
Tardé una pequeña eternidad en decidir qué me ponía. Mi ánimo fluctuaba a medida que me probaba la ropa. Finalmente me decidí por un vaquero y una camisa negra-un guiño infantil a querer restarme unos años- pero sabiendo que mi trasero saldría favorecido y que el botón desabrochado de la camisa sugeriría otros senderos, el pelo suelto y una chaqueta sobre los hombros terminaron de convencerme, cerré la puerta y salí a encontrarme con lo desconocido ocultándome detrás de unas gafas de sol.
Al llegar con unos minutos de antelación al bar donde nos habíamos citado, busqué una mesa cerca de una ventana, pedí un café y me puse a observar quienes entraban. A medida que iba imaginando cómo sería el encuentro, nuestros gestos, las palabras que nos diríamos, me relajaba cada vez más. Saqué un pequeño espejo y me miré. Me gustó lo que reflejaba: expectación, alegría y una expresión de dulzura enmarcada en un rostro apenas maquillado. Volví a ponerlo en el bolso y cuando levanté los ojos, por fin lo vi.
Entró en el bar y se quitó las gafas de sol guardándolas en el bolsillo de su camisa, mirando hacia todos lados buscándome. Su aspecto algo desvalido hizo que mi corazón latiera con esa conocida sensación de estar en el lugar adecuado mientras lo veía venir hacia mí sonriendo. Me levanté para besarlo pero él me rodeó con sus brazos apretándome contra su cuerpo, como si ya nos conociéramos desde siempre. Me gustó su figura, su tacto y la forma en que me miraba directamente a los ojos con genuino interés.
Conocía esa mirada, ya había librado suficientes batallas contra anónimos encuentros y conocidas derrotas como para no darme cuenta de que esos ojos prometían ,pero, sobre todo deseaban, no podía disimularlo a pesar de su gesto pretendidamente adusto. Comenzamos a hablar simultáneamente y ambos nos echamos a reír, eso, ayudó a que la poca distancia que quedaba desapareciera en un instante.
Entonces a partir de ese momento se sucedieron mínimos gestos de cercanía. Una mano que rozaba el brazo del otro, mis dedos bajando por mi cuello mientras lo escuchaba, su mirada apreciativa al contorno de mis pechos o el roce casual de su pierna con la mía. Y la tensión sexual creciendo imparable entre los dos. La conversación fluía con naturalidad, en ningún momento me sentí observada ni cuestionada, eso me transmitía seguridad y algo de ternura al ver su preocupación por que estuviera cómoda. Su actitud abierta generaba confianza, nos conocíamos sin habernos visto y de alguna forma eso ayudaba a que todo fuera más fluido. Estaba realmente a gusto, incluso me sentía hermosa bajo su atenta mirada.
Había quemado mis naves y no quería plantearme nada más. Todas las diferencias se diluían igual que los hilos de humo de los cigarrillos que se amontonaban en el cenicero .Sin embargo el diálogo de las miradas hablaban de otra cosa. Hablaba de encuentro íntimo, de pieles sudorosas, de bocas que se devoran y de sexos empapados dejándonos sin aliento. Sabíamos a lo que íbamos, cada vez lo sentía más claro .Carpe diem. No hay más que este momento.
La lucha interna la libraba contra mí misma, porque los mensajes suyos eran tan claros que con solo olerlo y sentirlo respirar me quemaba. Su rostro atractivo de mirada directa revelaba más de lo que él quería que yo viera, pero justamente esa transparencia me excitaba. Mientras hablaba, su índice recorría el borde de la taza de café y ese movimiento se tornó tan sensual que quise sentirlo trazar círculos entre mis piernas y más.
A medida que pasaba el tiempo una extraña y palpable sensación de anticipación crecía entre los dos, y cuando adelantó el torso sobre la mesa y clavando sus ojos en mi boca, me dijo –“Te deseo a ti”-supe que todo culminaría de la forma que tantas veces había imaginado. Asentí sin decir nada. Podía sentirme mojada y deseosa. ¿Para qué iba a hablar? Ya no quería jugar más, o por lo menos, si lo hacíamos sería a mi manera. Sin trampas y sin engaños.
Cuando salimos de aquel bar subimos a un taxi que nos llevó hasta su casa. Entramos en silencio. La tensión era palpable y sólo faltaba oír el desbocado latir de nuestros corazones. Las llaves girando en la cerradura sonaron en el silencio de la noche y tomándome de la mano me hizo entrar en el oscuro salón .La puerta se cerró con un sonido amortiguado y de pronto sentí que él se alejaba.
Me apoyé contra la pared y con suavidad dije su nombre. Se encendió entonces la luz tenue de una lámpara que iluminaba indirectamente el perfil de un sillón donde él sentado, con sus largas piernas estiradas y las manos apoyadas en sus muslos, me miraba.
El silencio era ensordecedor y ese espacio de luces y sombras se detuvo en el tiempo. Sus ojos me despojaron de toda resistencia. No dejaba de mirarme y su boca parecía saborear lo que estaba por suceder. Esa boca hermosa de gesto tan sexual cuando movía los labios imperceptiblemente.
Mi cuerpo reaccionó a la invitación implícita y pude sentir el calor líquido que me invadió. Quería arrancarme la ropa y abalanzarme sobre él, sin embargo seguí quieta y sólo moví lentamente los brazos para desabrochar la blusa. Él se reacomodó en el sillón y pude percibir claramente como su pasión se marcaba erecta encerrado dentro del vaquero.
Separé la camisa hacia los lados y mis pechos libres quedaron al aire sin pudor.-“Esta soy yo”-dije mirándolo a los ojos.
En dos zancadas lo tuve a un centímetro de mis labios. Me besó con un tanteo firme que se fue profundizando a medida que sentía mi boca moverse al ritmo de la suya, intensa su lengua, ansiada y generosa .Me pegué a él, acariciando ese cuerpo delgado que se acoplaba a cada una de mis curvas. Sus brazos me apretaron bajando por mi espalda y mi vientre pegado al suyo sintió como se endurecía esa gloriosa respuesta urgente y ansiosa de placer .Me giró con firmeza contra la pared y pegó su cuerpo al mío, mis nalgas sintieron la presión firme de su bragueta. Con una mano me levantó el pelo y sentí su boca caliente en la nuca, mientras que la otra se perdía entre la ropa. Busqué su lengua echando la cabeza hacia atrás y la hizo resbalar por mi mejilla encontrándose con la mía en un húmedo diálogo. Su barba raspaba mi piel como si fueran agujas de gozo y dolor.
Se apretó aún más, todo su cuerpo apoyado en el mío…sujetándome con esos hermosos brazos que sabían lo que hacían .Una de sus manos se perdió dentro de mi pantalón, mientras que la otra abría con destreza su bragueta. Mis movimientos eran limitados y eso lo hacía aún más excitante. Su masculinidad empujaba mis nalgas y le susurré que me dejara tocarlo, entonces permitió que me girara y se mantuvo apretándome contra la pared, pero una vez que tuve las manos libres, pude explorar su cuerpo delgado y tenso.
Me dediqué a desabrochar, apartar y besar cada centímetro que descubría, y su piel reaccionaba erizándose ante el contacto de mi boca de fuego. Sus pequeños pezones se endurecieron al acariciarlos con los labios. Bajé despacio por su pecho y fui inclinándome hasta quedar a la altura de su ombligo, el pantalón se deslizó por sus piernas y él lo apartó con el pié junto con el slip que siguió el mismo camino.
Mi lengua se enredó en el vello oscuro de su abdomen que tembló ligeramente, detuvo el momento apartándose ligeramente y comenzó a desnudarme. Yo sentía mis pezones doloridos de placer, calientes al roce de sus dedos y mi piel ardiendo en cada beso, en cada prenda que caía alrededor nuestro como una ofrenda perfecta, y me dejé llevar, dejé que sus manos me conocieran, que sintieran el gozo de mi sexo empapado. Sólo se escuchaba el ronroneo sensual de los cuerpos y el suave chasquido de las bocas devorándose.
Sin dejar de besarnos nos dijimos todas aquellas cosas que llenaron la noche de gemidos. Me acosté en la alfombra mullida y él inclinándose sobre mi cuerpo sin dejar de acariciarme comenzó un recorrido húmedo con su boca lamiendo con deleite los dedos de mis pies, succionándolos, subió por mis piernas y mordisqueó mis muslos hasta que su boca se abrió sobre mi sexo y con su lengua feroz hizo que mi primer orgasmo llegara súbitamente sacudiendo mis caderas.
Sus labios vibraban aún entre mis piernas cuando el roce de su piel deslizándose por mi cuerpo volvió a encendernos. Fue acariciando mis pechos, lamiendo mis pezones hasta llegar a mi boca donde dejó la huella salada del sabor de mi sexo .El calor de aquel cuerpo tan ansiado envolvió mi piel y mis piernas se abrieron para recibirlo. Su pubis rozó el mío tan sensible aún y pude sentir cómo gemía al hundirse en mi interior. Con las piernas entrelazadas en su cintura empujé más adentro.
Le pedí por favor que no parara, quería que ese entrar y salir acompañado del ligero chapoteo que se oía, no terminara nunca. Empujó enterrándose unas cuantas veces ante el orgasmo inminente, pero yo sabía que aún no acabaría.De repente cesó todo movimiento y se quedó quieto.
Lo vi disfrutar de la espera, le sentía hirviente dentro de mí, llenándome por completo. Entonces me pidió que me diera la vuelta. Me acosté boca abajo, levanté las caderas, y apoyándome en las manos, elevé mi trasero. Sus dedos se perdieron entre mis pliegues, y acariciando todo el recorrido que lo dividía en dos mitades perfectas,

Oía su jadeo cada vez más agitado, sus gemidos traspasaban mi piel y se clavaban en mi sexo listo una vez más para otro orgasmo. Deseosa de ver su expresión giré la cabeza para ver como apretaba los labios. Sus ojos se clavaron en mí, y hundiéndose con una profunda embestida sucumbió con un largo gemido, soltando todo el aire de su pecho. Agité mi cuerpo sintiendo que llegaba nuevamente a la vertiginosa marea del clímax un momento después. Lo suficiente para gozar viendo como él acababa y cómo yo disfrutaba un instante más tarde de mi orgasmo.
Lentos besos recorrieron mi espalda y nos tendimos en el suelo, enredados y sudorosos. El suave silencio nos envolvió y dejamos que el tiempo pasara sin decir nada, no hacían falta palabras, sólo oír cómo se aquietaba los corazones y las miradas se dulcificaban de placer.
Durante toda la noche nos buscamos entre el sueño y la vigilia como dos huérfanos de piel, abrasándonos en el calor de nuestros cuerpos que se acoplaban como dos piezas perfectas, sin dejar ningún rincón inexplorado.
Me desperté con frío y con el cuerpo algo entumecido. Recogí mi camisa y me la puse, mientras encendía un cigarrillo acercándome a la ventana. Amanecía lentamente y la luz mortecina tamizaba el perfil de la ciudad dormida. Acurrucada en el sillón fumé en silencio. Mientras lo veía dormir, a través de la bruma azul del humo, me sentí por fin, después de tanta oscuridad, desnuda, libre y satisfecha.

6 comentarios:

yo dijo...

Hay muchas ocasiones en las que el simple susurro del otro lado de la un teclado, hace que se estremezca el alma y se logre una entrega tan completa, que tal vez teniendo esa piel junto a la tuya jamas te sentirias igual.
un beso

Anónimo dijo...

Exquisito.
Ritxard.

Alfredo dijo...

El día que no miremos una pasión a través del tamiz de una relación - o lo que se considera propio de ésta..- Ese día...seremos un poco más libres para disfrutar de verdad.

Pd. por cierto que....las pasiones atienden a distintos fuegos. Está la llama y están las brasas. todo fuego necesita una cerilla y...oxígeno para prender.

Sebastian dijo...

Realmente tu blog es muy provocador, siempre me gusta dar vueltas por aqu? en silencio :)

sexe dijo...

Esa sensacion de mariposas revoloteando en tu interior....no se compara con nada!!
SENCILLAMENTE FASCINANTE TU SITIO!!

Gil dijo...

Me encantó, lastima la mezcla con tabaco y alcohol.